lunes, 28 de octubre de 2013

A Una Vieja Amiga

   Te amo tanto... en realidad te amé tanto, a tal punto de ser capaz de darlo todo, cada lagrima, cada sonrisa, cada verso, cada gota de sangre. Hablar hoy en día de ti me resulta muy vago, casi irreal, como si nunca hubieras existido, me formaste, me diste sueños, me diste esperanza, alimentaste mi alma, me cobijaste y a la vez me diste frío, me diste vida y me mataste, me hiciste constante, meticulosa, responsable y perfeccionista, pero igualmente me hiciste compulsiva, obsesiva, enfermiza, auto destructiva y masoquista.
Te odio, pero no por lo que me hiciste a mí, tampoco por lo que me convertiste, te odio por toda la gente a mi alrededor a la que hice daño porque me hiciste creer que ellos quería
n sabotear y lastimarme, pero en realidad querían salvarme de ti, de tu hielo y tu infierno.
Veo huellas e
n mi cuerpo, pruebas de que estuviste presente en mi vida y me hace pensar en lo fuerte que fui por dejarte y seguir adelante tomado en cuenta todas las vidas que haz cobrado a lo largo de tu existencia, hoy te veo de lejos y ojalá esta carta sea un hasta nunca mi vieja compañera Ana.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu comentario me importa