No creo que alguien pueda hablar de la muerte, a menos que se vea cara a cara con ella y yo conviví muchos años con ella.
Verla hoy día desde afuera casi me hace perderle el respeto y el temor racional hacia ella. Haber visto como burlonamente me arrebataba a la gente que más e amado, su fría presencia rondando mi vida, sigilosa y frustrada por no conseguir arrastrarme a su lado.
La sensación de desear su aparición es indescriptible, no poder vivir, no poder con el peso de mi alma y sin embargo no poder tampoco desprenderte del mundo terrenal, sufrir en el día a día, sobrevivir.
En mi mente solo cabía la forma adecuada casi romántica de cerrar el telón; pastillas, cortadas, anorexia... Cualquiera era válida en mi condición, en mi desesperanza y soledad.
Hoy no la veo como un anhelo, quizás si como una vieja compañera que algún día volveré a ver, pero por lo pronto no tengo prisa en recibirla.
Karla, como a vos, me gusta escribir y ayudar a los demás !
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