lunes, 6 de octubre de 2014

Máscara La última parte

Me levanto de la mesa después de la cena, estuvo deliciosa pero lo mas importante fue verte sin dolor por un momento, aunque haya sido casi una ilusión, aunque detrás de tu sonrisa fingida podía ver en tus ojos el dolor que sientes, mi único consuelo es saber que el odio que tenías ha desaparecido casi por completo, sólo veo a un niño lastimado y temeroso, pero a la vez lleno de fe de que las cosas quizás puedan ser diferentes ¡pobre infeliz!
Me paro frente a la ventana, puedo ver las luces de la ciudad y algunos coches, pienso en todas las parejas que están en este lugar, pensar que en algún momento hubo amor entre nosotros, reconozco que mucho mas de tu parte que de la mía, me arrepiento de no haber podido amarte aunque sea la mitad de lo que me amaste en su momento, pero tenía el corazón demasiado endurecido como para dejarte entrar al interior de mi ser, sólo te di acceso a una máscara llena de mentiras.
Estaba tan ensimismada  en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta en que momento te levantaste y te paraste a mi lado.
- ¿Que estas pensando? - Me preguntas sin apartar la vista de la ventana.
- En nada en particular ¿Y tu?
- Trato de adivinar tus pensamientos como siempre lo he intentado.
- Y por lo que me doy cuenta no has tenido mucho éxito ¿No?
Volteo a verte para tratar de cruzar tu mirada con la mía, pero esta vez no me miraste ni un instante, no apartabas la mirada de la ventana, supongo que tratas de recordar cada vez que te mentí, tratando de ver si hubo alguna señal que en su momento no viste o tratando de ver si en algo de lo que te dije hubo una pizca de verdad, sobre todo en esos momentos en los que juraba que te amaba y me correspondías.
- ¿Tienes algo que hacer esta noche? - Me preguntaste aun sin mirarme.
- No, no tengo planes.
- Karla, necesito pedirte algo - Me dijiste muy serio.
- Me asustas ¿Que pasa?
Volteaste el cuerpo para quedar frente a frente, me miraste fijo como si trataras de formular la manera correcta de hablarme, me tomaste de las manos, me acercaste bruscamente, me abrazaste y me dijiste al oído.
- Quédate conmigo esta noche.
Me hiciste pedazos con esa petición, no me esperaba algo así, además yo quería que me olvidaras y eso sería algo muy cruel de mi parte.
- No me pidas eso.
- ¿Porque?
- Quiero que me olvides, quiero ser parte de tu pasado, no de tu presente, no quiero que te aprisiones, quiero tu libertad, pero parece que te resistes a ella - Te empuje para demostrar mi seriedad - esto es masoquista de tu parte.
- Lo sé, entiéndeme, dame la oportunidad de estar contigo, una noche más.
Me miraste de arriba a abajo, sentía como me desvestías con los ojos, podía ver como recordabas cada noche que estuvimos juntos, cada caricia, incluso se que recordabas el aroma que quedaba en las sabanas de tu cama, me sentía acorralada de momento, de repente era la presa y supe que lo notaste de inmediato, pues sin temor alguno te acercaste ferozmente y me tomaste entre tus brazos, tus ojos pasaban de mis ojos a mi boca rápidamente.
- No me hagas esto - Te dije.
- No, tu no me hagas esto a mi - Me replicaste - déjame soñar una noche más, déjame tenerte una noche más, dame la despedida que nos merecemos, déjame decir adiós con el aroma de tu piel y el eco de tus besos.
Casi sin darme cuenta estábamos ya entrelazados en un beso profundo, casi embriagador, definitivamente no nos amamos, pero teníamos una innegable química, un magnetismo casi macabro entre nosotros.
Me cargaste a la cama y me miraste por un largo rato.
- ¿Te he dicho lo hermosa que estás esta noche?
- Es posible - Te contesté con una sonrisa - Pero sabes que no lo recordaría.
- Te ves hermosa esta noche.
- Lo sé.
Me desvestiste con una paciencia y delicadeza sin precedentes, como si disfrutaras cada segundo que pasaba y no puedo negar que yo también los disfrutaba, hicimos el amor con una sorprendente dulzura, los momentos de ira que habían pasado hace un momento habían quedado atrás, más que desnudar tu cuerpo sentía que estaba desnudando tu alma una vez más, de repente el miedo se iba de tu ser, pasaron las horas hasta que al final quedamos profundamente dormidos.
Me despertó el sonido del teléfono del hotel, sin abrir los ojos levanté la bocina.
- Bueno.
- Buenos días, la llamo por el servicio de despertador que solicitaron.
- Joven ¿Que hora es? - Le pregunté algo exaltada.
- Son las 6 de la mañana.
- Gracias.
Colgué y me levanté directo al baño, pero antes de llegar me di cuenta que ya no estabas, no le di mayor importancia y me bañé, tomé un largo baño con agua caliente para relajarme, pues el despertador que obviamente yo no había solicitado me despertó en tiempo perfecto para prepararme e ir a trabajar sin mayor prisa.
Al salir de la regadera a buscar mi ropa, me di cuenta que en la pequeña mesa de la habitación había una nota, me sequé bien las manos para no mojar el papel y comencé a leer.

Karla
Gracias por tu sinceridad, a pesar del dolor, fue algo que necesitaba para poder dejarte ir, me fui antes de ti para no tener que despedirme una vez más, pues ya han sido muchas despedidas a lo largo de estos años, el amor que siento por ti no ha desaparecido, sólo se a transformado, jamás voy a olvidarte y por fin ya no siento rencor.

Mis ojos estaban empapados de lágrimas, no por que te fueras, no por saber que quizás nunca nos volveríamos a ver, eran lágrimas de felicidad, por que por fin ambos podíamos ser libres.

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