sábado, 18 de octubre de 2014

Una sonrisa

Esta es una entrada diferente, esta entrada no a sido escrita por mi, pero si por una persona a la que yo aprecio muchísimo y me pidió publicar un poco de su trabajo, de cuando en cuando haré unas publicaciones, no quiere que revele su nombre así que sólo lo llamaremos E... espero que disfruten de su trabajo tanto como yo lo he hecho.

Una sonrisa…una simple mirada…solo eso me bastaba para quedar hipnotizado, la profundidad de tus ojos me llevaba lejos de la realidad, a lugares de mí ser que jamás imaginé. Fue una lástima alejarnos de esa manera pero quizá era necesario por el bien de ambos.
Aquel fue un día gris, no precisamente por el clima, pero la atmosfera se sentía diferente como si me previniera de la catástrofe. Íbamos a vernos en un conocido café de la ciudad; mientras caminaba hacia el lugar de nuestra cita recordé lo que solías llamar los buenos momentos, los cuales te hacían sonreír,  a veces llorar, y entonces caí en cuenta que estabas encadenada al pasado y yo deseaba seguir adelante, entendí que en nuestra relación uno de nosotros estaba de más.
Cuando arribé al lugar, mientras caminaba entre los comensales hacia una mesa, me sentí como el condenado a muerte que sabe cuál es su certero destino, sin saber como yo ya sabía cómo terminaría esta reunión.  Al verte llegar ya no quede deslumbrado como antaño, lejos de sentir cariño hacia ti sentí pena por mí al percatarme de que por ti podría ser un infeliz podría incluso mentirme a mí mismo solo para que la ilusión no terminara. Al verme me saludaste con un tímido hola, Dios moría por darte un beso  pero sabía que si me acercaba te alejarías y si yo me alejaba tu regresarías aunque solo fuese por mantener la triste magia de la costumbre. Una plática banal fue la antesala del desastre. Comenzaste con una letanía absurda de disculpas sin siquiera saber tu el motivo de las mismas a mi no me quedó más salida que dispararte a quemarropa con un “ya sé que esto se acabo no son necesarias las disculpas”. No quedaba más que levantarme y salir del lugar, ¿qué iba a decirte?, ¿Cómo adivinar tus pensamientos?, subí a mi auto, me tranquilice y solo atine a enviarte un mensaje de texto ofreciéndote una disculpa, deseándote lo mejor además de darte la noticia de que por una oferta laboral me iba a otra ciudad; tal vez todo sucedió  en el momento más oportuno para ambos.

Eso ocurrió algunos años atrás pero hoy, mientras desayunaba en un restaurante en la ciudad a la cual me mudé, vi tu silueta a través de los árboles y los cristales, por un momento pensé que la vista me engañaba pero giraste hacia la ventana y entonces te vi, te acercaste a la ventana del restaurante…entonces vi tu sonrisa, aquella mirada…estaba indefenso, las heridas ya habían desaparecido…quizá aun no era tarde para reconstruir…para huir juntos a un lugar mejor, buscar algún lugar perdido,  un mundo mejor  para ambos. Sin que yo me diera cuenta, al quedarme ensimismado en mis pensamientos, te acercaste a mi mesa. Tu voz resonó con un seguro hola, te invité a sentarte y no me rechazaste. Hablamos de los viejos tiempos, ya no eran buenos ni malos, quería saber de tu vida, saber cómo te había tratado mientras yo no estuve a tu lado, saber si esto solo era un roce accidental destino. Supe que estabas de vacaciones en mi ciudad, tu vida era buena hasta ese momento. Ninguno propuso un acercamiento más íntimo, superficialmente sabíamos que no existiría otra oportunidad…esta vez tú te levantaste de la mesa, serena…un beso en la mejilla y un adiós…eso era todo. Respire el aire penetrado levemente por tu perfume y esta vez pude quedarme tranquilo en la mesa con una leve sonrisa en el rostro…con la sensación de que habría pasado si tan sólo te hubiera detenido y decirte que aun te amaba y en el fondo sabía que tu también pensabas lo mismo…pero ya era tarde, siempre fue muy tarde.

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